Si te cuido ¿qué me das?

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Opinión

LUCERO MARQUEZ

 

La llamada Economía del Cuidado la constituyen los elementos físicos y simbólicos que cuidan o “nutren” a las personas para vivir en sociedad; son los bienes y actividades que permiten a las personas alimentarse, educarse, estar sanas y vivir en un entorno digno; es un cuidado material que implica un trabajo, un cuidado económico que representa un costo y un cuidado psicológico que conlleva un vínculo afectivo. Por lo tanto, asociar el cuidado con la economía es hacer visibles aquellos aspectos que generan, o contribuyen a generar, valor económico. Es decir, lo que particularmente interesa a la economía del cuidado, es la relación que existe entre la manera cómo las sociedades organizan el cuidado de sus integrantes, y el funcionamiento del sistema económico.

En mi México lindo y querido, cerca del 43.8% de las personas económicamente activas, lo constituyen las mujeres, de las cuales, su jornada laboral remunerada y no remunerada se divide en: 65% de su trabajo total se integra por labores no remuneradas del hogar, y el 32.3% lo destinan al trabajo remunerado, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, INEGI.

Focalizándonos en el trabajo no remunerado que se realiza en el interior de los hogares, las labores de casa equivalen a 47,400 pesos anuales de cada mujer que se dedica a estas actividades. Sin embargo, ellas no se ven beneficiadas; el trabajo no remunerado del hogar contribuye a la economía nacional con un 18%, del cual, la labor de cuidados es la de mayor aporte, con un 33.9%, también cifras del INEGI.

Así mismo, podemos señalar que el cuidado es una actividad altamente genérica. Se encuentra realizada mayormente por mujeres, y es por medio del cuidado que la identidad de género de las mujeres se construye.

Ante este panorama, abordar la organización del cuidado es imprescindible cuando se aspira a una sociedad más igualitaria. Para ello resulta clave que el tema se incorpore en las agendas de discusión de políticas públicas con la finalidad de realizar su redistribución; ampliar las posibilidades de las personas de elegir el modo de organizar el cuidado y facilitar la conciliación entre la vida laboral y familiar de las personas, entre otras. Además de reconocer el derecho de toda persona al cuidado y valorar los trabajos del hogar y de cuidado, remunerado o no, como actividades económicas que producen riqueza y bienestar.

El cuidado no es un asunto de mujeres; es una necesidad de todas las personas porque todas somos vulnerables e interdependientes.

Y tú… ¿Cuánto pagas porque te cuiden?…

T tú… ¿Cuánto percibes por cuidar?…

 

 

 

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